Ser sacerdote en la era del Papa Francisco

Ser sacerdote en la era del Papa Francisco
La diócesis de Mar del Plata vivió una jornada histórica, el pasado 13, con la ordenación en simultáneo de seis sacerdotes. Las opiniones de los jóvenes, ante la revolución que implica iniciar el nuevo camino en la época del Papa argentino, contadas a LA CAPITAL.
Seis jóvenes sacerdotes fueron ordenados el pasado viernes en la Catedral, los cuales fueron asignados a distintas parroquias para asumir sus nuevas funciones como vicarios a partir de la semana que viene.

Santiago Arriola, Christian Caballero, Tomás de la Riva, Maximiliano Frías, Juan Andrés Rosso y Andres Seguy fueron consagrados por el obispo Antonio Marino en una ceremonia histórica para la diócesis local, debido a que fue la primera vez que se ordenaron seis nuevos sacerdotes en la misma celebración.

Asimismo, el 13 de diciembre se cumplieron 44 años de la consagración del Papa Francisco como sacerdote y 9 meses de su nombramiento como sucesor de Pedro.

Los flamantes monjes se integrarán a sus correspondientes capillas la semana entrante y se mostraron "motivados" al asumir sus nuevas funciones en la era del Papa argentino. Santiago Arriola tiene 31 años, es marplatense y cursó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Northern Hills -en el Bosque Peralta Ramos-. Ya de chico "pertenecía al movimiento de Schoënstatt, trabajábamos con chicos, participaba de las jornadas, me fui involucrando hasta que me di cuenta de que estaba muy enamorado de Dios", contó a LA CAPITAL.

En ese entonces, Santiago "tocaba la guitarra, tenía una banda de rock y jazz, también daba clases y se me ocurrió preguntarme por qué no y ahí empezó lo que nosotros llamamos el discernimiento, que en el fondo es la búsqueda del querer de Dios".

Así fue que "leyendo los signos que me enviaba Dios", se sumó al noviciado del movimiento y pasó por Paraguay, Chile, Tucumán, y Paraná, hasta que advirtió que "el llamado de Dios era diocesano, es decir, que quería trabajar en una parroquia".

Al retirarse de la comunidad, se sumó a la experiencia en la capilla La Peregrina, donde "descubrí y confirmé mi vocación diocesana" y a partir del 21 de diciembre se sumará a la parroquia Padre Pío, que abarca todo el sur de la ciudad.

Tomás de la Riva, 29 años, marplatense, ex alumno del Instituto San Alberto, escuchó el llamado de su vocación religiosa cuando cursaba tercer año de Ingeniería Mecánica en Buenos Aires.

Entonces no lo dudó -"vi que Dios me llamaba a esto, que era lo que me iba a hacer más feliz y pleno", contó a minutos de ser consagrado- y se mudó a La Plata, dónde cursó durante 8 años en el seminario de San José. Desde el domingo próximo habitará la capilla de Lobería.

Raíces

Con 26 años, Maximiliano Frías fue el más joven de los sacerdotes ordenados y ayer celebró su primera misa en la capilla del colegio del que egresó: Santa Cecilia.

"Es fuerte -describió- porque no es sólo mi colegio, sino el primer altar de la ciudad, la patrona de Mar del Plata, y un volver a las raíces".

Según él, su vocación religiosa primero fue descubierta por "mis compañeros, porque iba a la parroquia, era monaguillo, pero yo tenía otros planes", hasta que advirtió "el proceso en el que Dios se te va revelando. Es una historia de amor". A los pocos meses ingresó al seminario de La Plata y a partir de la semana que viene se integrará a la parroquia Sagrada Familia.

El marplatense Juan Andrés Rosso, de 30 años, que pasó por muchos colegios pero "empecé en la escuela 10 y terminé en el Mar del Plata Day School", aseguró que escuchó el llamado de la vocación religiosa muchas veces pero que a los 21 "dije no puedo seguir diciendo que no" e ingresó en el seminario.

"Así como recuerdo -explicó- la vez que me caí con el triciclo por bajar las escaleras, o a mi abuelo preparándome la mamadera, cuando me enseñaron a rezar a los 2 años sentí que quería entregarle algo a Dios. Parece exagerado, pero recuerdo cuando Dios irrumpió en mi vida y me invitó a vivir plenamente feliz". A partir de la semana que viene estará en la parroquia de la Medalla Milagrosa, que contiene a varias capillas.

Andrés Seguy, 33 años, es ex alumno del colegio Don Bosco y su vocación religiosa se despertó cuando llevaba una vida "alejada de la fe", de estudiante y con novia.

"Vas aprendiendo a leer signos -detalló- y me dije que quería hacer la vida de un sacerdote y por gracia de Dios pude reintegrarme a este pueblo tan particular, con una vinculación muy profunda en el seguimiento de Jesús". Desde la semana próxima se desempeñará como vicario en la parroquia San Marcos.

Motivación

Los jóvenes sacerdotes dijeron sentirse "motivados" y "entusiasmados" con vivir su actividad en la era del papa Francisco.

"La vara está muy alta -definió Maximiliano- pero es un gran desafío". Tomás recordó que un 13 de diciembre, pero 44 años atrás, el papa Francisco fue consagrado sacerdote y consideró que "somos como los primeros hijos de su pontificado, ya que se cumplen 9 meses de sus papado".

Asimismo, consideró que "hay un aire de renovación, tanto en la Iglesia como en el mundo" y que precisamente esa renovación apunta a "ir cumpliendo metas para poder seguir al pueblo de Dios".

Por su parte, Santiago dijo sentirse "entusiasmado", que etimológicamente significa "con Dios adentro". "Me confronta, me entusiasma, me da alegría y ganas de servir, de compartir. El Papa Francisco -definió- es muy fiel a lo que Dios nos quiere decir, es muy transparente y logra comunicar eficazmente lo que Dios nos dice. Y me gusta que sea muy exigente con nosotros, nos tiene al trote".

Para Juan Andrés, significó "una alegría" saber que comparten los mismos "ideales con el Papa y queremos vivir estas mismas cosas. Es un regalo hermoso

sentirnos obligados a ser fieles al ministerio al que Dios nos está llamando".

Asimismo, Andrés consideró que con este papado se vive "un renovado impulso, hay una insistencia concreta en las cosas, como renovar el fervor apostólico, hay que jugarse por eso y se viene viendo que el Papa lo propone directamente".

La renovación comenzó, por lo menos, en la Iglesia local.

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