El otro 2 de abril: Martínez de Hoz anunciaba el plan económico de la dictadura

El otro 2 de abril: Martínez de Hoz anunciaba el plan económico de la dictadura

Como continuidad del 24 de marzo, el 2 de abril de 1976 el por entonces flamante ministro de Economía daba a conocer los lineamientos principales de su programa, con una curiosidad: propugnaba por un dólar alto

 

Por Marcelo Batiz

 

El recuerdo del inicio de la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla centra su atención en el 24 de marzo de 1976 como la fecha más emblemática, pero si se quieren analizar sus consecuencias económicas no puede pasarse por alto lo que ocurrió nueve días después, cuando el recientemente designado ministro José Alfredo Martínez de Hoz presentó al país los lineamientos principales de lo que sería su plan.

La noche de ese viernes 2 de abril no fue tranquila en un ambiente de por sí alterado, y los millones de televidentes de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano debieron someterse a una cadena nacional de radio y televisión muy difícil de eludir, en tiempos en que todo estaba circunscripto a cuatro canales abierto (o cinco, para el que tuviera la antena capaz de sintonizar el 2 de La Plata).

Para colmo, el flamante ministro -que volvía al quinto piso del Palacio de Hacienda después de su paso en tiempos de José María Guido- siempre se caracterizó tanto por sus demoras como por la extensión de sus discursos y esa noche no fue la excepción, al punto que obligó a la postergación del inicio del partido que por el viejo Campeonato Metropolitano debían disputar Huracán y Banfield y que, como debió comenzar después de las palabras del ministro, concluyó el sábado 3 a las 2:30 de la madrugada.

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En una exposición de más de dos horas, Martínez de Hoz presentó los lineamientos principales de uno de los experimentos económicos que marcaron a fuego con mayor intensidad a la sociedad argentina a lo largo de toda su historia.

No se trataba de un funcionario improvisado ni con poderes limitados, al punto que acompañó a Videla hasta el último día de su gestión de cinco años y en ese 2 de abril, apenas cuatro días después de su nombramiento oficial, ya contaba con siete leyes sancionadas y había designado un equipo con más de un centenar de integrantes. Quedaba en claro que el trabajo había comenzado mucho antes del 24 de marzo.

"El presente programa es un conjunto coherente e inseparable. En el pasado, muchos de los intentos de saneamiento y recuperación económico-financiero del país han fracasado por haberse encarado únicamente aspectos parciales del problema", enunció, para dar paso a una serie de conceptos que la realidad posterior se encargó de refutar.

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Por ejemplo, parece irónico, de no haber sido trágico, que dijera que iba a alentar "la actividad económica sobre bases que tiendan a estimular y premiar la actividad productiva, quitando todo aliciente y posibilidad a la acción parasitaria especulativa".

 O, si se prefiere "es también indispensable que consideremos una equitativa participación de los diversos sectores de la Nación en la riqueza del país... preservando el nivel de los salarios".

 No fue el único pasaje de su discurso que chocó con los hechos: el ministro que puso el debate de las privatizaciones sobre la mesa no privatizó nada. Por el contrario, actuó con inusitada celeridad para terminar la estatización de la Compañía Italo Argentina de Electricidad (Ciade), de la que él había sido director.

Paritarias, abstenerse

 La liberación de precios, la eliminación de los tipos de cambio múltiples y, en suma, el repudio al intervencionismo estatal en la economía, tuvo una excepción que puso en evidencia cuál iba a ser la variable de ajuste del plan: los salarios.

 "No es factible pensar que puedan tener vigencia las condiciones ideales de libre contratación entre la parte obrera y la empresarial para la fijación del nivel de los salarios", puntualizó Martínez de Hoz, para quien "debe, pues, suspenderse toda actividad de negociación salarial entre los sindicatos y los empresarios, así como todo proceso de reajuste automático de salarios de acuerdo con índices preestablecidos".

 En otras palabras, "será el Estado el que establecerá periódicamente el aumento que deberán tener los salarios". 

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Pero uno de los pasajes más insólitos a la luz de lo ocurrido en los cinco años posteriores fue la condena de Martínez de Hoz a las políticas de apreciación cambiaria, en el extremo opuesto de quien pasara a la historia como el ejecutor de la “tablita” que marcara los tiempos de la “plata dulce”.

“Joe”, como lo llamaban sus amigos, se manifestó partidario del abandono gradual de los tipos de cambio múltiples y abogó por un mercado libre y unificado. 

Al hablar de cuál debería ser la paridad se pronunció en contra del dólar barato: "Son demasiado recientes los ejemplos de lo que ha sucedido en la Argentina en las épocas en que la capacidad adquisitiva de su moneda ha sido sobrevaluada. Se ha seguido la tendencia de sobrevaluar la relación de cambio del peso argentino con respecto a la divisa extranjera", denunció.

“Ello ha producido una serie de consecuencias negativas, tales como el desaliento a las exportaciones, el incentivo para la importación artificialmente abaratada, la subfacturación en las exportaciones y la sobrefacturación en las importaciones, el mercado negro cambiario, la fuga de capitales, el contrabando y el desaliento a la inversión extranjera”, describió, en lo que leído casi medio siglo después parece una autoincriminación.

Otros modales

Diez días después, Martínez de Hoz abandonó la amabilidad de ese 2 de abril y amenazó a medio millar de empresarios convocados en la Secretaría de Comercio.

Allí les advirtió: “Guay de aquel que no entienda la responsabilidad del momento histórico que vivimos, no me va a temblar la mano en aplicar los instrumentos que tiene el Estado a su disposición, no para aplicar multas ni las penas consabidas de la ley de abastecimiento, sino medios mucho más efectivos”.

 Para muchos, no pasaba de un habitual discurso de ocasión. Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. 

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