Milei ante la tormenta: ¿cómo impactará la guerra comercial desatada por Trump?

Milei ante la tormenta: ¿cómo impactará la guerra comercial desatada por Trump?

Mientras Milei busca en Florida un salvavidas para sobrevivir a la crisis cambiaria, el mundo es sacudido por la lluvia de aranceles de Trump. El doble impacto y la falta de preparación de Argentina.

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NICOLÁS LANTOS

Se aproxima una tormenta y Javier Milei decidió estrenar su nuevo pararrayos. Los anuncios que hizo el miércoles Donald Trump con imposición de aranceles a las importaciones de un centenar de países es lo más parecido a una declaración de guerra comercial mundial, cuyas consecuencias la Argentina no está preparada para afrontar. Por el contrario: las políticas implementadas por el gobierno libertario exponen al país a llevarse la peor parte en el conflicto en ciernes.

Además, la caída de los mercados globales provocada por las nuevas medidas proteccionistas impactará doblemente en una economía necesitada de dólares y de confianza, profundizando las urgencias. En ese contexto, Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, viajan a Florida en busca de buenas noticias (y de divisas) pero sin la garantía, siquiera, de una foto con Trump, el extraño aliado cuyas decisiones sólo complican la delicada situación de la economía nacional.

 

Cuanto más frágil, más caro va a salir a la Argentina el rescate que, tarde o temprano, conseguirá el presidente, a quien no van a dejar caer por ahora. Debe ser motivo de alarma que haya adoptado el argumento del invasor, otorgando a los habitantes de Malvinas una palabra sobre el futuro de las Islas, justo un 2 de abril, en el acto por la memoria de los veteranos y caídos, rompiendo más de cuatro décadas de consenso entre todas las fuerzas políticas y violando la Constitución.

“Día de la Libertad” bautizó Trump al comienzo de una guerra comercial mundial. Si cumple con lo anunciado, el nivel de aranceles a las importaciones en Estados Unidos pasará a ser el más alto en un siglo y redibujará el mapa del comercio mundial. Entre las primeras consecuencias aparece un acercamiento de China con Corea del Sur y Japón, los dos aliados históricos de Washington en el Pacífico asiático, que anticiparon una respuesta conjunta a las barreras comerciales.

 

 

Las novedades impactarán doblemente en Argentina. En primer lugar afectando directamente a las exportaciones. De acuerdo a un informe de AmCham, los alimentos argentinos pagan al ingresar a Estados Unidos una tasa del 4,6 por ciento; los químicos y productos industriales 0,3 por ciento; los plásticos 1,4 por ciento; los textiles 6,1 por ciento y los metales apenas 0,2 por ciento. Todos esos rubros empezarán a pagar el 10 por ciento.

Pero el problema más grande es que la economía argentina, con el dólar atrasado y levantando restricciones, deberá insertarse en un mundo en el que los países apostarán a incrementar su productividad devaluando y poniendo barreras. Milei y Caputo corren el riesgo de perder mercados para los productos nacionales al mismo tiempo que la Argentina se vea inundada de importaciones que no pueden entrar en otros países y tengan precios imposibles de sostener por la industria local.

La respuesta del Gobierno es fingir demencia. El miércoles intentaron instalar la idea de que los 10 puntos de aranceles son un privilegio, sólo porque a otros países les pusieron tasas más altas, y que se logró gracias a las virtudes del presidente argentino. Es una mentira lisa y llana, porque no ignoran los efectos que tendrá la guerra comercial sobre el país ni que esa suba es la misma que tuvieron Brasil, Chile o Colombia, gobernados por líderes de izquierda.

Milei intentará conseguir en su viaje número once a los Estados Unidos lo que no pudo en los diez anteriores: una definición concreta de Trump que se traduzca en ayuda efectiva, preferentemente en divisas. Con el acuerdo con el FMI todavía en suspenso, y por lo menos por tres semanas más, sólo un anuncio contundente de respaldo puede traer algo de calma a los mercados inquietos, que no dudan de la voluntad de pago del presidente argentino, sino de su capacidad para hacerlo.

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