Georgieva interviene para frenar la corrida cambiaria

Georgieva interviene para frenar la corrida cambiaria

La titular del FMI, intervino dos veces para corregir las declaraciones del ministro Luis Caputo, que aceleraron la corrida cambiaria. Avala el ajuste de Milei, respalda el préstamo de 20.000 millones de dólares y le parece “razonable” un primer desembolso de 8000 millones.

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ALFREDO ZAIAT

Hace algunas semanas, la número uno del FMI, Kristalina Georgieva, recibió a un grupo de economistas de organismos internacionales, entre ellos algunos argentinos. En ese encuentro hubo intercambios interesantes entre los participantes sobre la situación económica de la Argentina bajo Milei.

Un par de ellos le comentaron a Georgieva la necesidad de que el organismo reclamara al líder liberal-libertario que aflojara el ajuste sobre los jubilados, el salario y el área de investigación científica, entre otras cuestiones. 

También se le mencionaron los millonarios recursos destinados a la represión social y el espionaje, señalando que deberían hacer alguna observación sobre ese tema si el FMI está auditando el nivel y el destino del gasto público.

Georgieva los escuchó con atención, pero su respuesta no fue la esperada por la mayoría de los participantes del encuentro. Uno de los presentes comentó a El Destape que la titular del Fondo reaccionó de manera destemplada, diciendo que el aspecto más importante del plan económico de Milei es la reducción de la inflación. 

“Esta es la prioridad porque los aumentos de precios afectan más a los pobres”, señaló. Mencionó, además, que el superávit fiscal permitirá una política social más focalizada. Ambas ideas buscaron neutralizar las observaciones críticas acerca del programa económico de Milei y, fundamentalmente, reafirmar que, en su gestión, que va por el segundo mandato, el organismo tiene preocupación por el impacto social de los ajustes.  

 

El Fondo Monetario Internacional no estará en condiciones de desconocer las advertencias críticas respecto al salvataje financiero al gobierno de Milei, entregadas en forma oportuna.

 

El FMI recibió oportunas advertencias   

Otro economista que ha transitado durante varios años los pasillos del edificio del FMI, ubicado en el 700 de la 19th Street, de Washington DC, explica que Kristalina, el staff técnico y el directorio “son sensibles al clima social y político de los países que solicitan asistencia financiera”.

Dice que están pendientes de que los acuerdos reúnan el mayor consenso político para que la responsabilidad de un eventual fracaso no recaiga exclusivamente en el Fondo y, por lo tanto, sea una carga compartida.

Como los fiascos del organismo se han reiterado, en especial en la relación con Argentina, este punto se ha incorporado como uno de los requisitos básicos para avanzar en la aprobación de un nuevo programa.

En este marco de exigencia institucional, hubo mensajes enviados dirigidos a Georgieva para desalentar la negociación de la ampliación de un crédito que, de por sí, es impagable de 44.500 millones de dólares, entregado en los años del gobierno de Mauricio Macri.

La iniciativa más contundente fue la carta de senadores de Unión por la Patria, la principal fuerza política de la oposición, enviada a Georgieva. Entre varias consideraciones, críticas y advertencias sobre la posibilidad de un nuevo programa del FMI con Argentina y el DNU habilitante de la negociación, los legisladores adelantaron que, en caso de un próximo gobierno de otro signo político, la deuda con el FMI "podrá ser calificada como deuda odiosa en su más amplia acepción, la generada en este acuerdo y, por lo tanto, sujeta a un default selectivo de la Nación Argentina, habida cuenta de que se conocen de antemano las consecuencias desastrosas que tendrá".

Según Caputo, esta misiva tuvo “impacto” en el directorio, aunque la titular del FMI no tomó nota, pese al mencionado requisito institucional que rige al organismo para habilitar un préstamo.

 

Al rescate de las torpezas de Caputo

Las señales políticas y económicas críticas, emitidas en forma directa a Kristalina Georgieva, han sido transparentes y públicas. En unos años, en otro contexto y con el probable fracaso (un experto en la relación con el FMI tiene una frase de cabecera: “los acuerdos con el Fondo están destinados a no cumplirse”), el organismo no estará en condiciones de desconocer las advertencias entregadas en forma oportuna. 

Más aún cuando Georgieva se ha convertido, en estos días, en el salvavidas de las torpezas mediáticas del ministro de Economía, Luis Caputo.

Primero, cuando afirmó que desconocía cuál era el monto del préstamo, al señalar que se trata de un aspecto que define el directorio, imprecisión que aceleró la corrida cambiaria. La titular del FMI salió a socorrerlo y, días después, lo autorizó a adelantar que el paquete global en discusión asciende a 20.000 millones de dólares. 

Caputo siguió tropezando con las palabras al indicar que, a diferencia de lo que había dicho antes respecto a que el giro de dólares del FMI sería por el total, no sabía cuánto sumaría el primer desembolso. Este es un dato clave para el mercado, donde empresarios y financistas comenzaron a dolarizarse. Georgieva salió nuevamente a lanzarle una soga para sacar a Caputo del pantano, al afirmar que le parece “razonable” un tramo inicial de 8000 millones de dólares (el 40% del total).

Se cayó el maquillaje

Después de la pandemia, la conducción del FMI, liderada por Georgieva, buscó modificar la idea de insensibilidad predominante en los países bajo planes de ajuste del organismo, al mostrar voluntad discursiva de cambios en las propuestas económicas, enfatizando la preocupación por la cuestión social.

En esta tarea, el FMI se ha movido un poco de sus tradicionales manuales regresivos, incorporando ideas no habituales en sus programas estándar. Algunas de ellas, presentadas en investigaciones y textos publicados por el organismo, son:

Aplicar un impuesto a los ricos.

La inflación es un fenómeno multicausal.

La concentración económica es un problema y puede generar márgenes adicionales que impactan en precios y en la competencia.

Realizar transferencias monetarias directas a los hogares pobres.

Manifestar preocupación por la desigualdad económica. 

Esta era la impronta que Georgieva impulsó en el primer mandato. Puede ser que lo haya hecho por ser búlgara, una europea con otra sensibilidad por provenir de un país periférico y con restricciones similares a otros emergentes. Había reemplazado a Christine Lagarde (hoy titular del Banco Central Europeo), una francesa que lideró los planes de austeridad a Grecia, avaló el inédito crédito al gobierno de Macri y estuvo acusada de abuso de poder como funcionaria del gobierno de Francia.

En esos años, artículos y documentos del Fondo eran pruebas de la existencia de otro clima analítico en la gestión inicial de Kristalina, que se plasmaron en medidas periféricas en los programas financieros. Sin embargo, no duró mucho. 

Con los cambios políticos globales reflejados en la irrupción de gobiernos de derecha y ultraderecha y, en especial, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Georgieva ha archivado esos avances en la forma de abordar las crisis económicas, ratificando la histórica función que ha cumplido el Fondo con los países endeudados: ser auditor de los intereses de grandes empresas, bancos y fondos de inversión, internacionales y locales.

En el caso argentino, lo hace apurando el rescate financiero, sin importar la brutalidad de las medidas de ajuste fiscal y monetario del gobierno de Javier Milei.

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