Además, con bolsillos ajustados y un mayor peso del gasto en tarifas de servicios, el 39% tuvo que limitar sus compras de indumentaria y un 32% dejó de lado salidas y entretenimiento. Así lo advirtió un informe privado que compara la situación nacional con países vecinos.
Por
EUGENIA RODRÍGUEZ
Si bien los datos oficiales de pobreza evidenciaron, para el segundo semestre del 2024, una baja comparada con igual periodo del 2023 (de 41,7% a 38,1%), lo cierto es que por limitaciones metodológicas -principalmente la utilización de una Canasta basada en hábitos de consumo de dos décadas atrás- el indicador no logra dar cuenta de lo que muchas y muchos argentinos perciben en el día a día: cada vez es más difícil estirar el fin de mes, pagar el alquiler se vuelve un odisea y crece el riesgo de desalojo, mientras se reemplazan consumos por segundas o terceras marcas, y hasta se recortan gastos en bienes esenciales como alimentos y salud.
De esta manera, el golpe al bolsillo se siente en las decisiones que toman las familias para su subsistencia diaria y no son pocas a las que les resulta prácticamente imposible llegar a cubrir el costo de vida básico, es decir, que los ingresos sean suficientes para pagar alimentos, salud, vivienda y tarifas de servicios, más aún en un contexto donde escaló el peso de los gastos fijos, como servicios y transporte, en el ingreso del hogar. ¿Qué pasó entonces con las economías domésticas en este tiempo? Un informe privado reveló que el 48% de las familias limitó sus compras de alimentos, el 39% lo hizo en indumentaria y accesorios; y un 32%, en salidas a restaurantes y entretenimiento. A su vez, el 28% ajustó en pedidos vía entrega a domicilio, el 21% en bebidas con alcohol, el 20% tuvo que recortar el uso de transporte, y el 19% no pudo pagar todo el servicio de electricidad. Se suma también un 17% que se vio en la necesidad de recortar el gasto de suscripciones en el hogar.
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Este escenario se relaciona, además, con la decisión del gobierno de Javier Milei de sostener un tipo de cambio bajo como instrumento para desacelerar la inflación, pero ello tiene sus costos: los precios en dólares de los bienes y servicios suben y la economía pierde competitividad frente a socios comerciales. Un ejemplo concreto: nuestro país se volvió 85% más caro que Brasil en dólares. Así, los alimentos son 89% más caros que en la nación vecina (huevos, pollo, cebollas y porotos, tienen precios a casi al doble que a nivel local); a su vez las bebidas superan en 162% a las brasileñas, y en electrónica se observó una diferencia del 35% en contra de los precios nacionales.
Bolsillos flacos y consumos ajustados
De acuerdo con los últimos datos difundidos por IINDEC, en el segundo semestre del 2024, la pobreza alcanzó al 38,1% de las personas y la indigencia al 8,2% (-3,6 y -3,7 puntos porcentuales por detrás del segundo semestre del 2023). No obstante, diferentes especialistas alertaron que el cálculo tiene limitaciones: la pobreza se mide oficialmente en función de los ingresos, esto quiere decir que es considerado pobre quien no llega a cubrir con los ingresos del hogar el monto de una Canasta Básica Total. Sin embargo, dicha Canasta está basada en hábitos de consumo de hace dos décadas atrás (Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2004/2005).
Al respecto, desde el Observatorio de la Deuda Social argentina (UCA) analizaron que “las estadísticas no reflejan fielmente la reducción de la capacidad de consumo de los hogares dado el desfasaje en la canasta del IPC”. Esto último tiene que ver con que la mencionada canasta subestima el aumento de algunos servicios que tienen un bajo peso relativo en el índice oficial -como los de las tarifas de servicios públicos, el transporte y las comunicaciones- pero cuyo precio se incrementó muy por encima del promedio en los últimos meses. Por ejemplo: mientras que el IPC-INDEC creció entre noviembre de 2023 y febrero de 2025 un 186%, el conjunto de precios vinculados a Vivienda, agua, electricidad y gas lo hizo en 327,7% y los precios de Transporte en 222,4%.
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“Si bien la estabilidad macroeconómica y la desaceleración de la inflación son factores positivos, los ingresos reales, el empleo y el consumo no muestran una mejora significativa. La caída en la indigencia se explica por el aumento de los ingresos por programas sociales”, agregaron desde la UCA y remarcaron que “sin una recuperación de la capacidad de consumo y en los salarios reales, los índices de pobreza podrían estabilizarse en niveles preocupantes".
En relación, el economista Leopoldo Tornarolli del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) puso el ojo en una de las preguntas frecuentes referidas a cómo es posible que la pobreza baje si el consumo masivo sigue siendo menor a un año atrás. Según su análisis, lo que hay que considerar es que “al método de medición no le importa en qué se gastan los ingresos, únicamente su nivel. Según la EPH-INDEC se recuperaron los niveles de 2023 pero seguramente se gasta más en servicios (electricidad, gas, transporte) y queda menos para consumo masivo, y eso hace que los hogares sientan, con razón, que están más ajustados y les cuesta más llegar a fin de mes”.
Sobre la recuperación del nivel de ingresos también aparecen interrogantes considerando que los datos oficiales evidenciaron, al cierre del 2024, que pese a la desaceleración de la inflación, el sector público perdió 22% de poder adquisitivo, el sector privado informal 10,5% y el privado registrado quedó 5% abajo. Asimismo, según INDEC, en enero el salario real de los trabajadores registrados volvió a contraerse, anotando dos meses seguidos a la baja.
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Es en este escenario en el que el ingreso disponible, es decir el que queda luego de descontar el pago de servicios esenciales que –como se destacó- aumentaron muy por encima del resto de la economía, tiene impacto en las decisiones que toman los hogares al momento de comprar productos de consumo esencial: compras chicas y más frecuentes, control del gasto día a día, cambio de marcas, búsqueda de precios, uso de diferentes medios de pago y restringirse a lo más necesario están entre las estrategias más habituales
En lo concreto un relevamiento presentado en marzo pasado mostró que el 48% de las familias argentinas recortó sus gastos en alimentos, el 39% dejó de comprar indumentaria y calzado; y el 32% ajustó en salidas a restaurantes y esparcimiento. Los datos se desprenden de un informe presentado por la consultora Bain & Company, que analizó los cambios de hábitos en el último año encuestando a casi 6.000 personas de Argentina, Colombia, Chile, México y Perú. Los resultados indican que nuestro país encabeza los recortes en bienes esenciales: se agregaron ajustes de los hogares en compras vía entrega a domicilio (-28%), así como en consumo de bebidas con alcohol (-21%) y hasta en el uso de transporte (-20%), y en el pago de facturas de electricidad (-19%). Se suma el ajuste de las economías familiares en otros productos como los de cuidado personal (-22%), suscripciones de plataformas (-17%) y productos de belleza (- 13%).
“Los consumidores de la región están ajustando sus comportamientos frente a un escenario de incertidumbre económica y social”, destacaron los analistas y remarcaron que, considerando el conjunto de los países, para más de la mitad de los encuestados la principal preocupación es su situación económica: 67% redujo gastos en el último año.
Lo anterior tiene correlato con una investigación realizada por la plataforma ShopApp en los últimos meses del 2024 donde se alertó que la mayor parte de los consumidores -entre el 70 y 80% depende del producto- tuvo que cambiar de marca de consumo habitual, siendo la categoría más afectada los productos de almacén y de limpieza (79% de los casos), seguidos por productos de higiene y cuidados personal (78%), marcas de galletitas y golosinas y los lácteos (72%) y para compras de bebidas sin alcohol y pañales (66%). Además el 73% de las y los encuestados manifestó preocupación sobre la imposibilidad de tener ahorros suficientes para el futuro.
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“El shock económico no solo afectó a los sectores de bajos ingresos, sino que también deterioró las condiciones de vida de la clase media baja engrosando el contorno de la vulnerabilidad y ampliando la variabilidad de los indicadores de pobreza. El nuevo piso del indicador luego del shock regresivo todavía se está conformando, pero la experiencia histórica sugiere que lo hará en un nivel superior al que tenía previo a la crisis” analizaron desde el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP). En ese sentido agregaron en un documento sobre la evolución de la pobreza durante el primer año de gobierno de La Libertad Avanza que “si bien hay hogares que pueden haber salido de la pobreza debido a que sus ingresos superaron circunstancialmente el valor de la Canasta Básica Total, ello no implica necesariamente que hayan vuelto al nivel de consumo que poseían previamente, debiendo por lo tanto recurrir a otros recursos más allá de sus ingresos corrientes”.
Atraso cambiario y costo de vida
Sostener el tipo de cambio bajo como instrumento para combatir la inflación tiene sus costos: los precios en dólares de bienes y servicios suben, y la economía pierde competitividad frente a socios comerciales. Un informe al que accedió este medio comparó precios entre Argentina y Brasil, y destacó que “en promedio Argentina es un 85% más cara que Brasil en dólares y se necesitaría un dólar a 1.671 pesos para igualar los precios de los dos países”
¿Qué productos son más caros? El estudio realizado por Celag Data contrastó 36 bienes y servicios entre ambos países, y las diferencias son contundentes:
Alimentos: nuestro país es 89% más caro en esta categoría. Por ejemplo: la sal cuesta un 500% más que en Brasil, y otros productos como huevos, pollo, cebollas y porotos, tienen precios casi al doble que en el vecino país. En el otro extremo, la harina de trigo es solo un 15% más cara.Bebidas: a nivel local somos 162% más caros. Por ejemplo: una botella de Pepsi cuesta 4 veces más en Argentina, el agua embotellada el doble y la cerveza casi triplica su precio.Electrónica: somos un 35% más caros. Una cámara GoPro cuesta casi el doble, mientras que una tableta iPad es apenas un 2% más cara.Construcción: el cemento cuesta más del doble a nivel interno, mientras que la arena mantiene precios similares en ambos países.Entretenimiento: una suscripción a Netflix es un 50% más cara y una consola PlayStation un 70% más.Combustibles: la nafta y el diésel son entre 22% y 26% más caros en Argentina.
“Estos datos confirman lo que muchos argentinos perciben día a día: vivir en el país es cada vez más caro en dólares. Mientras el Gobierno insiste en mantener un tipo de cambio bajo para contener la inflación, los efectos colaterales son innegables: la producción nacional pierde competitividad, las empresas se achican, los empleos se pierden y el comercio exterior se desbalancea”, analizó el economista Guillermo Oglietti, autor del documento.
Finalmente remarcó que “el problema de fondo es que la política antiinflacionaria basada en un dólar barato genera costos ocultos que suelen ser subestimados, ya que la estabilidad momentánea puede ser atractiva pero, a largo plazo, la pérdida de capacidad productiva y el deterioro del empleo terminan siendo un precio demasiado alto a pagar”.
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